Como se menciona en otra sección de este blog, todas aquellas partículas que el Sistema Inmunitario puede reconocer específicamente se denominan antígenos. En el caso particular en el que este reconocimiento conduce a una reacción alérgica, estos antígenos son llamados alérgenos.
También comentamos que para que una persona desarrolle a lo largo de su vida una enfermedad alérgica, es preciso un proceso de sensibilización, en el cual se ve expuesta repetidamente al alérgeno, al principio sin reaccionar en forma significativa, pero a la larga presentando síntomas en forma bastante consistente al entrar en contacto con esta sustancia. Es así como el alérgeno es inicialmente factor causal de la condición alérgica para luego ser disparador o desencadenante de los síntomas alérgicos.
En ambos casos, tanto la sensibilización como la reacción son altamente específicas. Es decir, normalmente el individuo alérgico al pelaje del perro no lo es al polen y viceversa. Y cada vez que esta persona se ve expuesta al alérgeno —y solamente a este alérgeno—, presenta la alergia. En otras palabras, la presencia del alérgeno es condición necesaria y suficiente para que en esta persona se desencadene la alergia en un momento dado.
En ocasiones, cuesta identificar la exposición que causa el problema. Por ejemplo, al entrar a una habitación donde ha vivido un gato en semanas recientes, una persona alérgica al gato puede presentar síntomas como picazón en los ojos y la nariz, estornudo y hasta dificultad respiratoria. Si la persona conoce su alergia, puede sentirse sorprendida o confundida porque en ese momento no hay un gato presente.
Otro ejemplo: una persona alérgica a los mariscos puede entrar a una marisquería y —para no correr riesgos— ordenar un bistec. A veces la sensibilidad es tan exquisita que si en la preparación se usan los mismos utensilios, esas pequeñísimas cantidades de alérgeno que quedan en aquel sartén o los cubiertos son suficientes para causar los síntomas como si hubiera comido un plato con mariscos.
El comportamiento de una alergia puede ser así de desconcertante. Por eso la investigación de la alergia puede ser de gran ayuda para entender su enfermedad.
¿Se puede ser alérgico a cualquier cosa?¿Hay sustancias particularmente alergénicas?
Son diversas las sustancias que pueden causar alergia. Las más conocidas son componentes de los alimentos (como la proteína de la leche de vaca o de las nueces o frutos secos), o partículas del ambiente que son lo suficientemente pequeñas para permanecer suspendidas en el aire y ser inhaladas (como los pólenes o la caspa de perros). También podemos encontrar alérgenos en algunos medicamentos e incluso objetos que entran en contacto con la piel.
La gran mayoría de los alérgenos son sustancias de origen orgánico. Es decir, se encuentran naturalmente en animales, plantas u hongos, o son producto de su procesamiento.
Es interesante que esto deje por fuera muchos aditivos de los alimentos y sustancias comunes como solventes, detergentes, aerosoles, etc., el humo del cigarrillo o la contaminación ambiental, los cuales también pueden desencadenar síntomas de alergia en la piel o las vías respiratorias.
En efecto, muchas personas alérgicas se quejan con frecuencia de que empeoran con la exposición a uno o varios de estos factores, especialmente si esto ocurre en ambientes cerrados. Lo que ocurre es que estos agentes o condiciones tienen un efecto irritante en las mucosas (nasal, bronquial, conjuntival), que ya se encuentran inflamadas previamente por la alergia crónica que les precede.
Imaginemos una niña (llamémosla Jenny) que se ha sensibilizado al ácaro del polvo. Este parásito microscópico que abunda en el polvo casero y habita normalmente en la cama (colchón y almohada) es responsable de una alta proporción de las alergias respiratorias en los países tropicales. Jenny va a despertar todas las mañanas luego de varias horas de exposición continua al causante de sus síntomas de alergia. Seguramente se pare de la cama estornudando repetidamente y frotándose la nariz y los ojos. Afortunadamente, su rutina matutina la aleja de su cama y de los bichos a los que se ha hecho tan sensible, haciendo que en un par de horas la molestia se vaya aliviando.
Tal vez ella ni su madre noten el detalle de que es siempre igual: al llegar a la escuela, la picazón y el estornudo prácticamente han desaparecido, por lo que probablemente hasta se olvide de su incómoda mañana.
Pero ese día Jenny se encuentra con que están pintando una parte de su escuela… o hicieron una limpieza profunda en su salón y quedó un fuerte olor a desinfectante… o durante la clase le toca pasar al pizarrón y escribir con marcador o con tiza. Cualquiera de estas exposiciones (o todas juntas) la hace sentir tan mal como al momento de despertar.
Cuando Jenny le cuenta a su mamá (y ella al médico), puede entender que todo es parte de su alergia, pero además está convencida de que el problema son las exposiciones que puede identificar (la pintura, el desinfectante, o la tiza). La presencia del ácaro en su cama no es algo evidente que ella o su madre puedan detectar con facilidad. Como consecuencia, Jenny (como cualquier persona alérgica que haya experimentado lo mismo) se convence de que es alérgica, no a uno, sino a múltiples factores ambientales. Y no son factores ambientales cualesquiera: se trata de sustancias de uso tan común en su mundo actual que aislarse o protegerse de ellas para no sufrir parece imposible.
Es decir, en realidad Jenny es alérgica a un agente que no puede identificar y que se podría controlar (como veremos más adelante), pero ni ella ni su madre lo saben, achacándole la culpa a otros agentes que, si bien son más sencillos de determinar, son muy difíciles de eliminar. Sin duda, es como para desanimarse.
«¿Y cómo hago, doctor? ¿La encierro en una cápsula? ¿La saco del colegio?» Son preguntas (más bien expresiones de desamparo) frecuentes en la consulta de alergia.
La realidad acerca de los colorantes y otros aditivos de los alimentos
Las reacciones a aditivos químicos comúnmente presentes en muchos alimentos son un problema aparte. Diagnosticar una sensibilidad a un aditivo químico es muy complejo y con frecuencia no se puede estar seguro de la magnitud o del tipo de impacto sobre la alergia de la persona, si acaso hay alguno. Muchos padres se quejan de síntomas peculiares o variados en sus niños (tos, erupciones, ronquera, hiperactividad, dolor de cabeza, dolor abdominal, por nombrar algunos) sin que se pueda demostrar firmemente un mecanismo alérgico que los explique.
En los países desarrollados se ha aprobado miles de aditivos químicos (colorantes, saborizantes, emulsificantes, etc.) para su uso en alimentos, por lo que determinar la sensibilidad a uno solo de ellos debe ser una tarea titánica, aun disponiendo de pruebas de laboratorio confiables.
Por eso, ante esta incertidumbre, muchos pediatras sugieren prudentemente la restricción de alimentos, bebidas y golosinas seleccionados, especialmente si el relato de los padres es más o menos consistente. Es decir, si hay una reacción inmediata cada vez que el paciente consume un alimento determinado, es buena idea eliminarlo de la dieta, aun sin realizar pruebas.
En ambas situaciones (aditivos de los alimentos e irritantes ambientales), el paciente alérgico puede sentir que es sensible «a todo» y que no tiene opciones. En realidad, una apropiada evaluación alergológica puede ser muy útil para orientar acerca de qué hacer, muchas veces con buenas posibilidades de alivio.
¿Y existe la alergia múltiple?
Los casos anteriores no descartan que una persona alérgica pueda ser sensible a varios alérgenos a la vez.
Puede ser que dos o más alérgenos puedan causar una reacción alérgica cruzada porque sus moléculas se parecen en alguna medida. Por ejemplo, se puede ser alérgico a varias especies distintas de ácaros. O aquellas personas alérgicas al látex (material con el que se fabrican guantes y otros utensilios) pueden serlo también a la banana (cambur), aguacate o kiwi.
También podemos encontrar personas sensibles a alérgenos distintos que no estén relacionados químicamente. Esto ocurre con frecuencia muy variable de acuerdo a la geografía, alimentación, genética, condiciones climáticas, etc. En esos casos el manejo debe hacerse para cada sensibilidad, como es natural. Así como las alergias a entre uno y 3 alérgenos son más o menos frecuentes, no son muchas las personas alérgicas a 3 o más alérgenos.
Y, definitivamente, ser «alérgico a todo» es algo excepcional.
