Si bien las enfermedades alérgicas no son, por definición, curables, esta idea es extremadamente relativa en muchos casos.
Por ejemplo, la mayoría de los niños con alergia a la proteína de la leche de vaca o al huevo pierden esa sensibilidad al crecer y pueden eventualmente tolerarlas sin problema. Otro ejemplo: la mayoría de los niños asmáticos en la etapa escolar no presentan síntomas más allá de la adolescencia. En cambio, otros trastornos como la rinitis alérgica, se mantienen en el 90% de los pacientes después de 10 años, por lo que se considera muy persistente.
A pesar de que sería muy importante conocer cuáles son los factores que inciden en este tipo de evolución, no se sabe con certeza, por lo que actualmente no es posible hacer recomendaciones de tratamientos o estilo de vida que favorezcan o aceleren la desaparición de las manifestaciones de estas enfermedades.
Por ello, en líneas generales, el objetivo de la persona que padece cualquier enfermedad alérgica es el control de los síntomas, para disminuir al mínimo el impacto en su vida diaria e, idealmente, eliminar todos los síntomas en forma permanente. En algunos casos esto es sencillo, mientras que algunos pacientes requieren tratamientos más complejos.
Para ello, los alergólogos recomendamos 3 estrategias:
- Tomar tratamiento todo el tiempo.
- Evitar aquello a lo que uno es alérgico
- Vacunas de alergia
En otro espacio explicaremos en detalle cada una de estas estrategias. Recordemos por ahora que cada persona es distinta, así como cada enfermedad se manifiesta en forma diferente. La menor o mayor gravedad y la respuesta a cada tratamiento, además de las preferencias de cada persona son algunos de los criterios para decidir la mejor opción o combinación de opciones.







