El tratamiento con vacunas para el control de la alergia, o Inmunoterapia, consiste en la administración repetida (dosis diarias o varias veces por semana, dependiendo del esquema que se elija) de extractos de aquellas sustancias a las cuales es alérgica una persona, con la finalidad de que ésta pierda la sensibilidad.
Se sabe que muchas alergias tienden a variar con el tiempo. Personas que son muy sensibles a un alimento durante la infancia, por ejemplo, pueden perder esta sensibilidad y tolerarlo adecuadamente después de algunos años. El asma alérgica es más común en niños que en adultos, lo que concuerda con el hecho de que es una enfermedad que tiende a variar, incluso desaparecer en algunos casos.
Volverse alérgico a una sustancia es sensibilizarse a ella (por eso esta sustancia se llama alergeno). Eliminar esa sensibilidad se llama desensibilización. Se dice que se ha generado una tolerancia porque el alergeno ya no es capaz de provocar los síntomas de alergia en esa persona.
Entonces la búsqueda de esa tolerancia a aquello que nos desencadena la alergia es el propósito de la inmunoterapia. Es decir, ésta impulsa el proceso de reducción de la sensibilización alérgica. Como dicen algunos, si no es una cura, se parece bastante.
Se inicia con dosis muy pequeñas, cientos de veces menor a las que normalmente se ve expuesta la persona, y se va incrementando hasta llegar a una dosis cientos de veces mayor. El resultado es una desensibilización mediante el cambio de la respuesta alérgica por una respuesta inmunitaria normal, que no origina síntomas.
La inmunoterapia puede administrarse por diversas vías, tanto inyectada por vía subcutánea como por vía oral (tragada) o sublingual (debajo de la lengua). El especialista en alergología escoge la modalidad más conveniente según las opciones del mercado y el tipo de alergia.
La inmunoterapia ha sido ampliamente utilizada para alérgenos ambientales (tales como ácaros del polvo, pelaje de perros y gatos, pólenes e incluso hongos). Los venenos de insectos como abejas, son de utilidad en los pacientes que tienen exposición repetida y han desarrollado alergias (es el caso de los trabajadores de aviarios). Recientemente se ha avanzado con vacunas orales para ciertos alimentos, como el maní.
Sea cual sea el producto a utilizar, tiene que corresponder a la sensibilidad alérgica que se encuentra en el paciente mediante las pruebas de alergia. Es decir, se debe tratar la alergia al ácaro con extracto de ácaro y la de polen con extracto de polen de la misma planta. Por eso es tan importante que estos tratamientos sean manejados por el Alergólogo, quien conoce bien la mejor opción para cada paciente.
En general, la Inmunoterapia es bien tolerada, pudiendo el paciente presentar reacciones transitorias que pueden ser controladas por el alergólogo si se hace un seguimiento estrecho del caso.
La respuesta a este tratamiento puede verse a los pocos meses de iniciado, lo cual el paciente nota porque tolera mejor la exposición al alergeno. Luego de cumplido el ciclo de inmunoterapia (dependiendo del producto usado puede ser entre 3 a 5 años), esta mejoría puede mantenerse por 5 a 10 años más. Como se ve, hay una amplia variabilidad en la respuesta, pero para la mayoría de los pacientes es altamente beneficiosa.
